(Por La Vaca- Periodismo Cívico)

El papá de Daniel Solano, el trabajador rural salteño de 27 años desaparecido desde el 5 de noviembre de 2011, murió esta mañana luego de una intervención en el hospital San Bernardo de Salta por un problema estomacal. Su muerte se produjo en medio del juicio en el que, por primera vez, se encontró cara a cara con los siete acusados de desaparecer a su hijo. Gualberto fue el principal motor de la causa que denunció la desaparición forzada y la connivencia judicial y estatal bajo un reclamo concreto que repitió una y otra vez a lo largo de seis años y medio: “Quiero encontrar el cuerpo y llevarlo”. No se detuvo un día: hizo huelgas de hambre, inició acampes y se encadenó al juzgado para exigir respuestas. Así reveló la trama de explotación laboral en Río Negro, la corrupción judicial que cubrió el caso y logró la detención de los oficiales acusados. “Murió por luchar, es el calvario de una persona que durante 7 años buscó a su hijo y sufrió las inequidades más extremas”, dijeron sus abogados. Su familia continúa el pedido de memoria, verdad y justicia por Daniel.

-Luché seis años y medio: quiero encontrar el cuerpo de mi hijo y llevarlo.

El 20 de febrero, Gualberto Solano repitió ante la prensa el mismo reclamo que sostuvo desde el 5 de noviembre de 2011, la última vez que Daniel, su hijo, fue visto con vida en Choele-Choel, Río Negro. El 20 de febrero comenzó el juicio oral y público a siete policías de esa provincia por la desaparición forzada del joven trabajador rural salteño de 27 años. Por primera vez, Gualberto estaba cara a cara con los acusados de golpear y asesinar a su hijo, tras reclamar por su sueldo como trabajador contratado por Agrocosecha, empresa tercerizada a cuenta de Expofrut Argentina. “A Daniel lo mataron por hacer un reclamo”, dijo Gualberto, que en estos seis años y medio realizó huelgas de hambre, inició acampes y se encadenó al juzgado con una demanda que repitió hasta el comienzo del proceso: saber qué pasó y dónde está Daniel Solano.

Gualberto murió a las 7 de la mañana en el hospital San Bernardo de Tartagal, Salta. Lo confirmó Sergio Heredia, uno de sus dos abogados. “Él tenía un problemita de una hernia en el estómago”, dijo al diario Río Negro. “Lo operaron de urgencia antenoche a las 3 de la mañana de la hernia, y ya su estado se agravó. Estaba en terapia intensiva”. Y agregó: “Ésta es una muerte que yo le atribuyo plena responsabilidad al poder judicial de Río Negro. Es una muerte anunciada de una persona que por 7 años sufrió persiguiendo una justicia que nunca llegó. Murió por luchar, es el calvario de una persona que durante 7 años buscó a su hijo y sufrió las inequidades más extremas: el frío, las huelgas de hambre, las carpas, la búsqueda”.

Leandro Aparicio, su otro abogado, recordó a Gualberto como el padre que siempre persiguió un mismo reclamo: encontrar a su hijo. “Nunca le vi un sentimiento de odio, de venganza, pero sí un deseo muy firma de justicia y de recuperar el cuerpo de su hijo”, dijo a lavaca. “Lo vamos a extrañar. Lamentamos no haberle podido cumplir lo único que pedía: llevarle a Daniel”.

El caso
En mayo de 2012, Gualberto se encadenó a un poste en la vereda del edificio en el que funcionan la fiscalía y el juzgado de Choele-Choel: se cumplía medio año de la desaparición de Daniel. Meses después, sufrió un cuadro de hipotermia tras doce días de huelga de hambre. En 2015, repitió una huelga de hambre seca. Son algunas de las imágenes de la lucha de Gualberto, que no detuvo el reclamo ningún día desde 2011. El 6 de marzo de este año, finalmente, se sentó cara a cara con los acusados de golpear y secuestrar a su hijo.

A Daniel Solano lo vieron por última vez en la madrugada del sábado 5 de noviembre de 2011 en la disco Macuba en Choele-Choel, Río Negro. Era la tercera vez que Daniel –guaraní de la comunidad Misión Cherenta (Tartagal, Salta), obrero, 27 años- recorría los 2.300 kilómetros desde Tartagal hasta la cosecha de manzanas en Río Negro, en la localidad de Lamarque (a 17 kilómetros de Choele Choel), donde vivía hacinado con otros 150 trabajadores en un galpón y dedicaba el día entero al trabajo contratado por Agrocosecha S.R.L., empresa tercerizada a cuenta de Expofrut Argentina, sello criollo de la multinacional de origen belga Univeg. Testigos vieron cómo tres policías provinciales que hacían sus “adicionales” como seguridad del lugar lo sacaron de la disco a empujones, lo golpearon y lo cargaron en un auto. Ese día Daniel había hablado con sus compañeros para hacer un paro en reclamo por dinero adeudado: el acuerdo era por unos 2.000 pesos mensuales, pero le habían pagado sólo 800 pesos.

Desde ese día, Daniel Solano está desaparecido. El juez de garantías Roberto Gaviña autorizó el año pasado la búsqueda de Daniel en un jagüel ubicado a 25 km del campo “La Manuela”, lugar señalado en 2014 por un testigo de identidad reservada como el sitio donde arrojaron el cuerpo sin vida. Si bien, hasta el momento, no hubo ningún resultado, el abogado Aparicio sostuvo que el precinto que custodiaba el lugar estaba alterado. La causa principal acumuló 53 cuerpos y siete policías procesados que son los que llegaron a juicio en la Cámara Segunda del Crimen de Roca, en Río Negro. Ellos son Sandro Gabriel Berthe, Pablo Federico Bender y Juan Francisco Barrera (procesados por los delitos de “vejaciones, privación ilegal de la libertad y homicidio agravado”); Pablo Andrés Albarrán Carcamo, Pablo Roberto Quidel y Diego Vicente Cuello (por la “privación ilegal de libertad y homicidio agravado”); y Héctor Cesar Martínez (por “vejaciones, privación ilegal de libertad y homicidio agravado”). Aparicio: “Son los mismos siete policías que estuvieron detenidos tres años, y que siguen trabajando, cobrando y portando armas, a pesar de que la justicia de Río Negro, en todos sus niveles, por conveniencia y no por convicción, dijo que era un caso de desaparición forzada”.

El juicio
Aparicio dice a lavaca que hasta el momento han declarado entre 30 y 40 testigos, y que la presidenta de la Cámara evaluó habilitar la feria judicial para seguir con las audiencias que, así, concluirían en julio. “Declaró una testigo presencial de los hechos que identificó a los cuatro policías que le pegan a Daniel y lo suben a la Eco Sport. También tenemos a los tres policías que estaban en la camioneta. Hay muchos elementos que permiten avanzar hacia una condena, y a diferencia del fiscal, entendemos que esto no empieza todo un sábado a la madrugada donde los policías sacan a un ´borracho´ de un boliche, sino que obedece a una asociación ilícita que estafaba trabajadores con la connivencia de todo el poder estatal”.

Gualberto murió en medio de este juicio sin saber qué ocurrió con su hijo. Su familia, como hace seis años y medio, seguirá el pedido de memoria, verdad y justicia por Daniel.

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