¿Qué es la Ley de Educación Sexual Integral? ¿Qué derechos pretende garantizar? ¿Qué contenidos propone enseñar a los niños y adolescentes

Por Enrique de la Calle para Agencia Paco Urondo

Se habla mucho pero se conoce poco. Envalentonados por el rechazo en el Congreso a la ley de aborto legal, seguro y gratuito, sectores autodenominados “pro-vida” ahora quieren avanzar sobre la ley de Educación Sexual Integral (ESI), sancionada hace 12 años. “No se metan con nuestros hijos”, aseguran sus referentes, mientras balbucean argumentos que muchas veces hablan más de quienes los ofrecen que de lo que efectivamente pasa en las escuelas. ¿Qué es la ESI? ¿Qué derechos pretende garantizar? ¿Qué contenidos propone enseñar a los niños y adolescentes?

La ley 26.150 se aprobó, con amplio consenso en el Congreso, en el año 2006 y planteó como objetivo central “la responsabilidad del Estado para garantizar el derecho de niños, niñas y jóvenes a recibir Educación Sexual Integral (ESI) en todos los establecimientos educativos públicos de gestión estatal y privada”. En 2008, el Consejo Federal de Educación publicó los lineamientos que “definen el piso común de contenidos curriculares válidos para todos los niveles”.

Esos parámetros pueden consultarse en el documento “Lineamientos curriculares para la Eduación Sexual Integral”, que está disponible en internet. ¿Lo leyeron los “pro-vida”? Volver sobre ese texto parece vital hoy, que tanto se debate sobre la ESI.


En primer lugar, el nuevo enfoque propuesto considera a la sexualidad de “modo integral”, esto es: “Supera la noción corriente que la asimila a ‘genitalidad’ o a ‘relaciones sexuales’. Entender que la sexualidad abarca aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos implica considerarla como una de las dimensiones constitutivas de la persona que, presente de diferentes maneras, es relevante para su despliegue y bienestar durante toda la vida”.


Vale consignar que siempre la “sexualidad” estuvo presente en las escuelas, aunque bajo otros paradigmas (el silencio, la omisión o el tabú, son formas de vincularse con algo). El de la ESI, por su parte, propone concebirla más allá de las cuestiones anatómicas o fisiológicas. “Supone un abordaje que debe abarcar las mediaciones socio-históricas y culturales, los valores compartidos y las emociones y sentimientos que intervienen en los modos de vivir, cuidar, disfrutar, vincularse con el otro y respetar el propio cuerpo y el cuerpo de otras personas”, describe el documento elaborado desde el ministerio de Educación durante el kirchnerismo.

En ese contexto, se establecen parámetros mínimos para los niveles inicial y secundario. En el primer caso, se propone la transversalidad: esto es, que la ESI se trabaje en diferentes disciplinas, como ciencias sociales, formación ética y ciudadana, ciencias naturales, lengua y literatura, educación física y educación artística. Luego, en el nivel secundario, se aconseja ir avanzando hacia un abordaje más específico, a fin de poder desarrollar mejor contenidos más complejos para un público diferente (adolescentes en vez de niños).

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(Imagen: Enfoque Rojo)

ESI, de qué hablamos

En el caso del ciclo inicial, la ESI establece casi un centenar de lineamientos generales, que cada jurisdicción puede trabajar a su modo. Algunos de ellos son los siguientes:

– “La valorización y respeto de las propias opiniones y las de todas las personas por igual, sin distinciones de género, cultura, creencias y origen social”.
– “La puesta en práctica de actitudes que promuevan la solidaridad, la expresión de la afectividad, el respeto a la intimidad propia y ajena y el respeto por la vida y la integridad de sí mismos y de los otros/as”.
– “La posibilidad de respetar, ayudar y solidarizarse con los otros/as”.
– “El reconocimiento y expresión de los sentimientos, emociones, afectos y necesidades propios y el reconocimiento y respeto por los sentimientos, emociones y necesidades de los/as otros/as”.
– “El progresivo reconocimiento de sus derechos y responsabilidades como niños/as y el de los derechos y obligaciones de los adultos”.
– “El desarrollo de la confianza, la libertad y la seguridad en los niños y niñas para poder expresar sus ideas y opiniones y formular preguntas que puedan inquietarlo”.
– “La distinción de cuando una interacción física con otra persona puede ser adecuada y cuando no lo es y sentirse autorizados a decir ‘no’ frente a estas últimas”.

¿A estos ejes se refieren aquellos que piden que “no se metan con mis hijos”?

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

La ESI en el secundario

La ley de Educación Sexual Integral pone foco en los niños, niñas y adolescentes como sujetos de derecho. Por eso, en el caso del nivel secundario, propone avanzar hacia áreas curriculares específicas que puedan abordar mejor temas complejos y demandados por los propios jóvenes.

“La población adolescente requiere de una formación sólida y validada de educación sexual integral y de espacios que los habiliten a plantear sus necesidades e intereses y que atienda sus particularidades”, sostiene el documento Lineamientos Curriculares. Y sigue: “De esta manera podrá constituir un espacio protector frente a los riesgos que conllevan la existencia de problemáticas como: embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual, adicciones, falta de cuidado del propio cuerpo, situaciones de abuso o explotación, que en ocasiones culminan en morbimortalidad específica”.

Con esas premisas, se enmarcan los siguientes lineamientos generales. De nuevo: ¿Alguien puede estar en contra de estas propuestas? Citemos sólo algunos (la ESI aborda decenas de ejes):

– “La indagación y análisis crítico sobre la construcción social e histórica del ideal de la belleza y del cuerpo para varones y mujeres”;
– “El abordaje y análisis crítico de la masculinidad. La reflexión sobre las representaciones dominantes: fuerza, agresividad, violencia. La identificación de representaciones estereotipadas en la construcción de la masculinidad en los varones”;
– “El respeto de sí mismo/a, del otro/a y la valoración y reconocimiento de las emociones y afectos que se involucran en las relaciones humanas”;
– “El conocimiento de diversos aspectos de la atención de la salud sexual y reproductiva: los métodos anticonceptivos y de regulación de la fecundidad”;
– “El análisis e identificación de situaciones de vulneración de los derechos de los niños, niñas y adolescentes”;
– “El análisis, identificación e implicancias de situaciones de incesto y abuso sexual infantil; pornografía infantil; trata de niñas, de niños, de adolescentes y de jóvenes”;
– “El reconocimiento de la discriminación como expresión de maltrato”;
– “La promoción de actitudes de cuidado de la salud y hábitos de prevención de las infecciones de transmisión sexual (incluido el VIH-Sida)”;
– “La reflexión en torno a las implicancias del embarazo en la adolescencia”.

¿En serio no quieren que “se metan con sus hijos”?

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(Imagen: Eloísa Molina para La tinta)

*Por Enrique de la Calle para Agencia Paco Urondo / Imagen de tapa: Colectivo Manifiesto.

Fuente consultada: La Tinta

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