Actualidad Anta Arte y Cultura J. V. González

La gonzaleña Nena Córdoba fue distinguida con el Premio Podestá

Nena Córdoba fue distinguida con el Premio Podestá

Recientemente Nena Córdoba recibió el Premio Podestá a la Trayectoria Honorable, otorgado por la Asociación Argentina de Actores. Además de la salteña fueron distinguidos Graciela Dufau, Germán Palacios, Carolina Papaleo, Luis Ziembrowski, Alejandra Flechner, Mario Pasik, Nancy Duplaa, Rudy Chernicof y Ofelia Cendra, de Misiones. La premiación se realizará el 18 de marzo en el Palacio San Miguel (CABA), en el marco de los cien años de la Asociación. Nena Córdoba fundó NN Teatro en 2007 en Joaquín V. González, y desde 2009 la sede del elenco se estableció en la ciudad de Salta. Creadora del Festival de Actores Independientes de Salta (Faisa), que se realizó en 2016 y 2017, es una artista, productora y dramaturga con un marcado compromiso social.

Su perfil se destaca en el medio por la creación de ficciones y las adaptaciones de calidad. En diálogo con El Tribuno dijo que cuando le comunicaron del Podestá la primera idea que cruzó por su mente fue que la estaban “cargando”, aunque el ámbito teatral del NOA ya le había dado señales de que su ejercicio de la vocación teatral hecho acción, con varios estrenos anuales, era meritorio cuando en 2015 le otorgaron el Premio Artea a la Trayectoria en Tucumán. En Salta la habían laureado con el Premio Mujer a la Trayectoria Artística en 2016 y 2018.

Luego se le alarmó la coquetería. “En mis épocas pibas, ese premio se los daban a los actores ‘entrados en años’ y yo no soy… Y sí, en marzo cumplo 50 años, o sea, ya no soy una piba, pasa que siempre me sentí una péndex. Me dije entonces: ‘Nena, ya es hora de madurar’”. Y en tercer lugar, en una capa más profunda, se puso a analizar el merecimiento. “Sentí una felicidad enorme, porque me nominaron mis propios colegas de Salta, lo que significa que valoraron el esfuerzo y la pasión que le puse a mi trabajo”, reflexionó.

¿Cuándo decidiste ser actriz?  

Yo creo que nací decidida, para horror de mis maestros y profesores del colegio. Sé que algunos de ellos cuando salí de la secundaria sabían que me había ido a estudiar escribanía, pero tenían noticias solo de mis giras y actuaciones en el Estable de Tucumán y no faltó el “¡Qué desperdicio! ¡El primer promedio de la promoción es actriz! Seguro vendrá con un domingo siete o convertida en drogona” (ríe).

¿Qué recordás del primer papel que representaste?

Tenía 3 años cuando subí al escenario a hacer de Blancanieves. Yo muy oronda en mi hermoso vestido de princesa, terminé llorando cuando un nene me gritó: “¿Y vos por qué hacés de Blancanieves si sos negrita?”. Creo que eso me marcó. Desde entonces toda vez que subí al escenario, queriéndolo o no, me cuestionaron o hice cosas cuentionables o cuestionadoras.

¿Hubo algún momento malo que te hiciera pensar en dejar el teatro?

Sí, una vez. Y ese momento duro fue ocasionado por cercanos. A mí no me duelen las cosas que la gente que me es indiferente me haga o me pretenda hacer. Me duele que se las hagan a los que quiero -ahí me pongo como fiera- y me duele obviamente que me dañen las personas que más quiero. A las traiciones las resisto. A los miedo los enfrento. A las ofensas las repelo y al dolor lo soporto. Pero no soporto la discriminación, el ninguneo, el querer hacerme sentir que soy tarada o mala profesional porque no soy rica o no supe hacerme rica. Siempre hay alguien que amás y no te comprende. Siempre hay de los que te valoran solo por lo que tenés y no por lo que sos, o sos capaz de hacer por vos y por ellos. Una vez estuve a punto… pero la misma persona que me hizo bajar momentáneamente los brazos me los levantó luego en gloria cuando volvió a mí por ayuda, solo por saber que jamás le haría daño y que en mi profesión (cualquiera de las dos) soy confiable. Entendí que nadie te puede hacer dejar lo que amás, si primero te amás a vos misma. Y comencé a amar me.

¿Cuál fue el personaje que más te gustó interpretar? 

En todos reconocí una parte de mí y mucho de mi observación de las personas y de la conducta humana. Tal vez por eso me gustaron todos; pero el que más vanidad me produjo fue Medea. Tuve un director de lujo, además, mi amigote el Jorge Renoldi. Medea sacó lo peor de mí y así terminé de conocerme. Me dije: “Ahora sí ningún enemigo podrá contra esta mortal”. Ni yo misma, porque muchas veces fui mi peor enemiga. Los personajes que más escarban la esencia humana son los más desafiantes. Sí un poco menos fue desafiante Bernarda Alba, porque se trataba de una actriz de 34 años que en 2003 debía interpretar a una mujer de entre 50 y 60, pensada por un Lorca que va y viene en los tiempos sin que eso le saque ninguna belleza y un director rechiflado con una chifladura parecida a la mía, pero menos centrada (de nuevo el Renoldi). Solo que a veces siento que me faltó un poco más para satisfacerme a mí misma con ese trabajo.

¿En qué ha evolucionado el público salteño en relación con el teatro local y qué debería seguir madurando?

El público salteño no va a ver teatro local y es tan reducido que lo tenemos contabilizado y hasta identificado, por sus rostros al menos. Vas a ver obras que dicen tener miles de personas de público, pero te garantizo que la mayoría son producto de que el artista se rompe el lomo vendiendo las entradas anticipadas. Muchos te persiguen en tu casa o laburo para venderte entradas y cuando ya no tienen a quien más vender, empiezan a golpear puertas de los políticos de turno en el gobierno, para que les compren una función o para que los incluyan en un ciclo cultural. Pero eso que llamamos público que vaya a ver teatro porque le gusta Salta casi no tiene. A la mayoría no le gusta ir a ver teatro local porque sencillamente no lo conoce o porque ni siquiera sabe que existe. No hay políticas culturales que lo estimulen, le den valor agregado y lo vuelvan deseable para la apreciación de su pueblo. Estoy cansada de escuchar cada vez que subo a un taxi al chofer decir: “¿En serio hay actores en Salta?”. Es una bofetada tácita que recibo. Pero si ni los propios funcionarios o empleados de cultura van a ver teatro local, y del interior ni hablemos. La cultura y los espectáculos que les interesan son solo los que les dan votos y plata, o sea, los de público masivo. Por eso solo se consume teatro comercial o porteño, comercial también. En fin… lo de siempre. Sucede desde siempre y no cambia. Por ahí puedo llegar a decir que al menos el poquito público que gusta del teatro local se volvió más exigente y más diverso en sus gustos.

¿Por qué el de actriz es “el mejor oficio del mundo”?

Yo acostumbro a dudar de todo y de eso también. No sé si es el mejor oficio del mundo. Sí sé que lo es para mí. Porque sí, porque yo lo elegí y porque no conozco otro, salvo el de escribana que también elegí. Y no elegiría otros: con esos me basta y me sobra. Tampoco voy a elegir entre ellos, porque ambos me completan.

 

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